«Éste es mi lugar». Para Elisa no hay otra opción en su futuro académico que la UNAM; la misma institución que otros estudiantes intentaron burlar para obtener su lugar con trampas. Entre la multitud hay una mezcla de rabia, coraje, miedo, impotencia y desilusión. A los jóvenes les tiembla la voz, sudan bajo el sol y exigen respuestas, pero sobre todo aguardan la fecha exacta para presentar el examen de control y demostrar lo que saben. «Que el Rector le apure: que se apure y que nos dé una respuesta pronto, porque realmente no estamos conformes», urge Elisa a Leonardo Lomelí Vanegas, la máxima autoridad en la Universidad. El bloqueo sobre Avenida Insurgentes y Eje 10 Sur retumba con la exigencia de que se respeten los lugares ganados. «¡Merezco mi lugar! ¡Merezco mi lugar!», demandan. La joven egresada del Cetis 56, enrojecida y acalorada por el sol afirma que no tiene empacho en contestar de nuevo 120 reactivos. -¿Has visto la oportunidad de estudiar en otra Universidad?, se le preguntó. «No, la verdad no. Yo estoy segura de que voy a ir allí y ese es mi lugar. Sí o sí (…) de que me quedo en la UNAM, me quedo en la UNAM», responde. En el universo de Elisa, Valeria y Abigail no existe otra opción más que la UNAM. Todas invirtieron dinero, esfuerzo y tiempo. Están dispuestas a volver a someterse a la prueba, aunque no sea justo en ninguno de sus casos. A Valeria le tocó ver cómo sus padres tenían que decidir entre apostar por su educación o pagar la renta; invirtió tres mil pesos en guías y exámenes de prueba para estudiar en la que ella considera una universidad privilegiada. «Al encontrar trabajo ya que estudiaste en la UNAM, le dan más privilegio a esa que a una universidad privada que a otra universidad (…) mi sueño sería, siento yo, tener un trabajo muy bueno para no sólo darles a mis papás lo que ellos me dieron, sino también poder ayudar a los animalitos de la calle», confiesa. Abigail nació en Tecoanapa, un municipio de la Costa Chica de Guerrero, y había obtenido un lugar en Medicina, en la FES Iztacala. Alcanzó un lugar gracias a la solidaridad de sus compañeros que compartieron guías de estudio en grupos de WhatsApp. Sin decirle a su familia aplicó el examen porque, cuenta, buscaba una mejor educación. Cuando la leyenda de «aspirante seleccionado» apareció en su carta, emocionó a su familia y la ilusión llegó rápido, pero de la misma forma se convirtió en desesperanza; aún así está dispuesta a dar la batalla. «Yo sin miedo volvería a hacer el examen. Yo, para venir acá, me hago ocho horas de mi pueblo y vine desde Guerrero, precisamente a la mejor universidad de México, vine gastando dinero para ser una mejor profesional; pasé en la UAM, pero yo sinceramente quiero la UNAM, porque se supone que tiene más prestigio a nivel internacional», coincide. Mientras los aspirantes entregaban un pliego petitorio donde exigen que su lugar previamente obtenido quede asegurado, Lomelí se reunía con los Directores y Directoras de Facultades y Escuelas, para acordar que finalmente este martes informarán las fechas y sedes del examen de control, que aplicarán tanto en la Ciudad de México, como en escenarios foráneos. Las trampas, el ascenso abrupto de los aciertos obtenidos para ingresar a la UNAM, las fallas del sistema en línea que por primera vez se utilizó para aplicar el examen, obligaron a retrasar el ciclo escolar para estudiantes de nuevo ingreso 21 días. El 31 de agosto, finalmente, la Máxima Casa de Estudios abrirá sus puertas a los alumnos de nuevo ingreso a la licenciatura, seleccionados mediante un examen de control y pase reglamentado.
Fuente: Plano Informativo







