El crimen organizado ha migrado del robo de crudo y combustible en ductos a la creación de refinerías clandestinas debido a la menor exposición que tienen ante los operativos de las autoridades, coincidieron especialistas. Gonzalo Monroy, experto en energía y director de la consultora GMEC, señaló que los poliductos por donde se envían combustibles están constantemente vigilados por elementos de la Guardia Nacional, mientras que los oleoductos carecen de supervisión, lo que otorga mayor libertad a los delincuentes. «Algunas refinerías clandestinas están en zonas con menor exposición, donde los delincuentes pueden llevar a cabo sus actividades sin que la gente o las autoridades las interrumpan», expuso en entrevista. Añadió que antes el robo de petróleo no era tan viable por la falta de un mercado de venta -limitado casi únicamente a ladrilleras-, motivo por el cual la delincuencia optó por construir estas minirrefinerías. Asimismo, reconoció que estas instalaciones ilegales no tienen la capacidad de producir gasolina o diesel de calidad comercial, por lo que procesan el crudo y lo mezclan con etanol u otros destilados intermedios para simular el producto final. Esto les facilita la venta en «cobachitas» a la orilla de las carreteras o su uso para adulterar combustible en gasolineras, lo que les permite mover su producto sin complicaciones. Por su parte, Víctor Hugo Juárez Cuevas, director de Edge Innovation, expuso que en algunos casos se utiliza infraestructura camuflada como complejos industriales cerca de ductos en zonas como Coatzacoalcos, Minatitlán y Reynosa. Añadió que este modelo les permite contratar personal capacitado con experiencia previa en Pemex o en la industria petroquímica. «Es gente con conocimientos químicos o petroquímicos que trabajó en la industria o estuvo ligada a empresas de refinación, quedó desempleada y es reclutada por estos grupos», detalló. Juárez indicó que la alta rentabilidad que genera esta actividad ilícita, en comparación con el huachicol tradicional, es otro factor determinante en esta transición. Ambos expertos coincidieron en que la operación de estas minirrefinerías o centros de procesamiento clandestinos requiere de acuerdos con autoridades locales y de la Guardia Nacional.
Fuente: Plano Informativo







